1.7.17

Viento acalorado | Un pedacito de mi




"Desvelada a causa de
un fuerte viento huracanado
que acabaría con mi tejado"



Tras la tormenta, llegó la calma, o eso pensaba tras oír cuatro gotas aquella madrugada. Pero la víspera de San Juan, que con tanta ansia había esperado, se convertiría en una hoguera en sí misma.

Las 4 de la tarde, y con ello, mi gran estreno en Youtube; mi canal de vlogs. Tan nerviosa parecía, que ni del pijama prescindí en todo el día. La emoción, junto con el apoyo de esas pequeñas criaturas a las que he apodado "hermosurillas", hacían que la gran ola de calor jamás esperada me empujara a seguir grabando día a día.

Pasaron las horas, y con ellas, el fin de semana, y el calor infernal que atravesaba las paredes de mi congelado hogar, hacían que las ganas de seguir viviendo se desvanecieran por segundos.

En pocas palabras, decidí posponer la grabación para el Lunes, el cual amenazaba con venir más refrescado, y acompañado de grandes vientos. Y allí estaba yo, junto a la ventana, acompañada de mis conejos y esperando que la predicción se hiciera realidad.

Comenzaba la semana, y con ella el trabajo de grabar día a día, y yo como pez en el agua, pegué un salto de la cama, agarré la cámara y enciendí el ansiado Gran Hermano de mi canal.

Y allí estaba yo, junto a mi tan antiguo instituto, ese que en la misma medida me hizo llorar de pena y alegría, decidida a darle el último adiós profesional a mi gran profesor de Inglés, que en pocos días dejaría los libros para comenzar una nueva etapa. Salí de aquel lugar, llena de amor y felicidad pues, el tan temido instituto me recordaría a mi tan querido profesor.

Me esperaba una semana, un tanto revuelta, cual montaña rusa pareciera, pero con la cámara en mano supe, que saltaría todos los obstáculos que pasarían por delante.

Pero, quién me diría a mi, que a estas alturas de grabación, la cámara comenzaría a decir que no. Y es que, la reliquia con la que pillo por sorpresa cada día a mi pareja, ya tenía sus años, y entre toma y toma, una se quedaría por el camino. En resumidas cuentas, trabajo perdido.

Llegaba el Martes, y con él la desesperación. ¿Quién dice que las personas no cambian sus errores por amor? Ese día descubriría a un nuevo yo, capaz de dar la vuelta al mundo por él, y dejar atrás lo peor de mí.

Y, sucesivamente, pasaron los días, y con ellos, el calor se despedía. Pero no se iría sin más, puesto que, con su adiós, dabamos la bienvenida a micro huracanes de la zona.

¿Quién me diría a mi, que bajo la capa de esta chica tan reservada, tímida y temerosa, se escondía toda una entusiasta, con el suficiente valor de alzar la mano, agarrar un micrófono y tomar la palabra en aquella gran reunión empresarial que nos tomó parte del Miércoles a mi pareja y a mi?

Llegó el temido Jueves, día de doble trabajo, con la espectativa de disfrutar de ello, y el consiguiente de aborrecerlo. Horas de grabación que casi cuestan la vida de mi pareja, y un día completo de edición donde vi ponerse el Sol conmigo frente al ordenador.

Pero adoro los Viernes, aunque este acabaría conmigo. Día de visitas que comenzaría con buen pie y acabaría con mi cabeza estallada de dolor. Y es que, para los que se pregunten qué daño humano es capaz de ocasionar el viento en gran medida, yo tengo múltiples respuestas.

Y aquí estamos, a Sábado, 7 de la mañana, y desvelada a causa del fuerte viento huracanado que me ha dejado sin tejado.


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Healthvebe Romy Artiles

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